
3.8.10
Raro
No estamos del todo hechos para esto, en algún punto de nuestra existencia nos sentimos así. Quizás por una preferencia, por una elección, por un vicio, por un color, por una forma, por una suma. Y no hablo de estar corrido apenas por unos centímetros de esa línea media que nos atraviesa a todos. Hablo de estar del otro lado, de infringir la norma. Nunca llegamos a ser ese Uno, difícilmente igualemos a ese número entero tan perfecto. Con un pie en el cemento civilizado y otro en el barro, andamos. Pero del pie embarrado no hablamos, lo mantenemos bajo llave, y las llaves las tiramos al océano. La magia sucede cuando dos llaves se encuentran y se hablan. Y se hablan únicamente a partir de los secretos, que son en definitiva las características que las hacen únicas. Si existiera una llave que abriera todas las cerraduras, no harían falta cerraduras ni llaves. "¡Utopía!" alguno gritó por lo bajo, aunque no estaba seguro de lo que decía. Pretendía ser Uno, el número (no la razón de su ser), y se embarcó en una travesía inútil. Debe ser porque no tiró la llave al océano, todavía no sabe que la posee. El Héroe de esta historia es aquel que aún sabiendo de la llave y del océano, decide tirar la primera en el segundo, ya que las llaves develan sus misterios únicamente en las profundidades del océano plateado.

Etiquetas:
magia
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