4.1.13

Cauce

Nacemos ríos, brotamos del mismo misterioso Manantial y a partir de él discurrimos. Sin elegir nuestro caudal, color o forma, hemos de abrirnos paso por la tierra. La luna nos atrae y repele, el sol calienta nuestras entrañas, muchos se acercan para alimentarse de nosotros y otros vienen a perecer a nuestras orillas. Los ríos somos bravos por temporadas y mansos en otras, tenemos humores que escapan a cualquier predicción. La ciencia sabe poco y nada sobre nuestra naturaleza, los poetas quizás se acerquen mas a nuestra verdad, pero la verdad de otro es siempre la verdad de otro, no la nuestra. Cuando los pájaros cantan sus últimos versos, allí donde el sol se torna anaranjado, comienza el tiempo de soledad. Si uno presta atención podrá escuchar a otros ríos solitarios a la distancia, y si cerramos los ojos y ponemos más atención aún podremos imaginarnos conformar un solo río majestuoso y sabio, anciano y joven a la vez. Cuando los ríos unimos nuestras voces podemos darle agua a los ríos flacos, hacemos fuerza y nuestros canales encaran nuevos rumbos. Las corrientes toman desprevenidos a los peces y deben adaptarse, pero no teman por ellos, están preparados para esas inclemencias. Un río en problemas es todos los ríos en problemas, eso nos ha enseñado el misterioso Manantial del cual brotamos. No olvidemos que el caudal, el color y la forma son una circunstancia, un estado momentáneo de conciencia.

(Texto publicado en la primer revista trimestral de Miralos Asociación Civil)

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