Seguramente haya sido una coincidencia, pero nada mejor que la realidad para cachetearte la cara. Uno al lado del otro, al lado del otro, al lado del otro, de principio a fin, todos y cada uno de ellos con el celular en la mano. Nadie los culpa, viajar como ganados te hace querer salir de ahí, y de hecho, no estaban ahí. Eran 60 cuerpos viajando de un lugar a otro, que a su vez viajaban en sus mentes. No los culpo pues yo soy uno de ellos y viajo mientras viajo.
Seguramente haya sido una coincidencia, pero definitivamente tiene un punto de sentido, como mínimo. ¿Quién estaba transitando las calles entonces? Esperemos que el colectivero, necesariamente el tiene que estar allí, no puede hacer un viaje adentro de otro viaje porque es responsable de la vida de esos 60 cuerpos. Un caso extremo he presenciado, es más común ver esa situación pero de manera más sutil. Naufragamos entre auriculares y sueños diurnos, y nuestra cabeza danza en un lugar que no es el lugar donde está el resto de nuestro cuerpo. Eso, o nuestra cabeza no está en ningún lado. Cual fuera la opción, terminamos no estando en ese desplazamiento, ese punto medio que no es ninguna de las cosas. Me pregunto entonces quien transita lo real, y sobre todo si existe lo real por fuera de nosotros. ¿Habrá alguien notado lo alto que son los edificios? ¿Habrá alguien notado cuántas puertas diferentes existen? ¿Habrá alguien notado esa niña triste? ¿Habrá alguien notado la sonrisa desinteresada que regala aquel ángel gris?
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25.10.10
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